Después, una tarde normal. Los paseos por el solitario descampado, sus típicas a la vez que estúpidas discusiones con sus extraños compañeros de fatigas, que en los ratos libres le acompañaban silenciosamente, sus delirantes conversaciones y una fugaz visita a su tienda favorita, para después salir de ella tal y como había entrado: con la cartera pelada y las manos vacías

Finalmente, la llegada a la tenebrosa y húmeda casa que compartía con varias especies de alimañas y salvajes plantas. El ser humano se acostumbra a todo, asique a pesar del ambiente que le rodeaba no hizo más que recostarse a descansar en su mullida cama arropado por la oscuridad, para comenzar al día siguiente con energía.
Ja ne... maburro















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